Reseñas sobre libros (para La Nobel, Almería)

La primera reseña que realicé para la Librería Nobel de Almería (La Nobel), en una reciente y preciosa colaboración con Rafa en Julio de 2020, es sobre este libro de una autora nueva para mí, pero que va a quedarse entre mis leturas o autor@s indispensables ya:

RESEÑA Nº1 PARA LIBRERÍA NOBEL (Nobeleros con B)

foto M.Ubeda

“Estamos en el borde” Carolina Lamarche

Editorial Tránsito. Premio Goncourt de relato, 2019

Este es un libro para leer con calma. Y, si es posible, al “retostón” del verano, en los días donde supuestamente “no tenemos nada que hacer” o nada “importante” al menos, o no nos apetece más que holgazanear, recordando la infancia, la adolescencia o imaginando futuros posibles…, que también puede ser una forma de escape de la vida cotidiana…

¿Y quién no necesita vías de escape alguna vez? Como en esta pandemia, por ejemplo, donde se acumulaban tanto las cosa por hacer (fuera) como dentro al final (je, je…¿sabéis lo que quiero decir, verdad?)

En este post confinamiento, pero ya tomado el pulso a saber qué es tener que ser introspectivo por narices, me llegó este reto de lectura, en los primero días de la desescalada, cuando aún daba miedo poner un pié en la calle aunque a la vez estábamos deseándolo…

No lo habría escogido, pero lo eligieron por mí…y me alegro infinito… Lo supe a la mitad del primer relato que comencé a leer…

Pues bien, este es un magnífico libro donde se reúnen diversas historias y narraciones en cuyo título siempre es uno o varios nombres propios, y donde Caroline Lamarche, escritora belga que ha residido en España o Francia entre otros países, nos muestra con sutileza y de forma caleidoscópica las vidas en diferentes entornos, lugares o realidades, pero que beben de un mismo universo: el amor a la naturaleza y los animales, humanizados ambos a su vez.

Aunque he comentado al principio que este libro es para leer con calma, las historias de Caroline no son para evadirse, porque en realidad,…te fijan al suelo, a la Tierra concretamente… y en todos los sentidos del término Tierra, porque en varias ocasiones habla de lo que le estamos haciendo a la Naturaleza, no en general sino en particular, a los árboles, los campos, los arroyos…, a sus habitantes naturales, los animales… y a nosotros mismos de paso, por supuesto. Unas veces como protagonista, otras de fondo, el tema siempre está ahí, como un bordón bajo, que sostiene el tono general de una obra musical dividida en distintas partes.

Pero intentaré no “destripar” nada de los diversos argumentos, lo dejaré todo en el aire, las historias en sí, de qué van o qué cuentan, intentando acercarme un poco a ella, con su prosa poética de decir tantísimo en pocas palabras;  palabras aparentemente concisas, y que, por ejemplo, a través de uno de sus múltiples narradores (alter ego diferente siempre, nunca del mismo sexo o edad siquiera y que dota al conjunto de gran versatilidad y apertura) expresa: “el chillido de los vencejos me parece, según el humor del que esté ese día, victorioso o desesperado”, citándola de memoria ( no literalmente…). Y lo cito porque es algo así lo que muestran sus personajes,…un vaivén de caracteres, de vivencias…, libres siempre, sin prejuicios, sin coacciones de ningún tipo. No moralizantes, pero que te hace pensar en cómo actuamos en nuestro entorno ante, por ejemplo, el cambio climático (citado por ella expresamente en algún momento).

Estas historias no son para evadirse porque te atan a la lectura también, hasta que concluyes cada micro universo mostrado, y terminas con una sonrisa, eso sí, alegre o triste, pero infinita y nada definida…

Caroline Lamarche es fuerte y sutil a la vez, su prosa es poética, frágil, pero cuenta sensaciones duras también… te hace sentir en mayúsculas…

Me queda la sensación de leer a alguien exquisito, etéreo pero que te “atalanta”, como los árboles, de belleza tan efímera como eterna…

Su ritmo es cadencioso mientras leemos, escribe de forma fluida y aparentemente sencillas, pero creo que hay detrás una gran construcción; es como si leyera un gran haiku que te deja con ganas de más en cada narración, con cada grupo de personajes; cada escena y lugar que plantea…me hace desear más y más, …y más…

Estamos en el borde, sí, pero hay límites, unos físicos y reales, otros, para romperlos, infinitos, mentales…

En este libro, todo es significativo eso sí, desde la cita que abre el conjunto literario hasta la que lo cierra. Es un Todo fragmentado, en voces diversas, hora un viejo, hora una niña, hora una mujer casi en la tercera edad, hora un hombre maduro…, estamos todas y todos, ahí, representados, por eso cuando la leo, me veo, nos veo, aquí y ahora o después.

Y como no quiero desvelar más de su universo, donde os recomiendo, entréis, termino con  dos frases (ahora sí, transcrita literalmente) que me explica mucho de su literatura y para mí resumen el fondo y forma de lo que he leído:

“Estoy hecha de tal forma que el amor me reduce a ser una hoja muy fina y carcomida por las inclemencias del tiempo y transportada por un viento feroz”, en el relato Elad.

Y  en Rudi (relato último de Estamos en el borde): “Las personas atormentadas por un duelo irreparable ya no creen en el futuro. Pero sí en la imaginación, de donde nacen las historias más descabelladas. Las historias de ella, sin embargo, no inventan otros mundos. Tampoco otros amores. Les basta con ser cómplices de algunas vidas salvajes”

…Sí, …estamos en el borde, no lo dudéis, pero no sabemos de qué o hacia dónde exactamente, y esta situación de desequilibrado equilibrio puede estar cargado de belleza, o ser una gran incertidumbre llena de certezas, como las que nos hace imaginar, recordar o vislumbrar Caroline Lamarche.

Maribel Úbeda, Almería. Julio de 2020.

Sobre Caroline Lamarche

Por si os apetece leerlo

En la editorial de libro en castellano

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RESEÑA Nº2 PARA LIBRERÍA NOBEL (Nobeleros con B)

Fotografía de M. Úbeda

“El muro fantasma” Sarah Moss

Editorial Sexto Piso. 2020

“Creo que puedo fechar mi fascinación por la arqueología en un recuerdo temprano de estar obsesionada por “Skara Brae”, los restos de un asentamiento del neolítico en Orkney (al norte de Gran Bretaña) durante el primero de varios veranos infantiles pasados ​​en las islas. Regresé allí varias veces de adulta, siempre atraída por los mojones, las piedras y las viviendas prehistóricas que conforman la tierra. Planeaba ser arqueóloga, y pasé el verano cuando tenía diecisiete años trabajando en una excavación romana en el centro de Francia, que fue cuando noté cómo la comunidad en desarrollo de trabajadores arqueológicos reflejaba la antigua comunidad que estábamos descubriendo y pensé que las historias paralelas proporcionarían la estructura de la novela que pretendía escribir algún día.”

Esta explicación de Sarah Moss para uno de sus anteriores libros donde una excavación arqueológica en Groenlandia es el centro de la historia (“Cold Earth”), le va que ni pintado (o escrito, jeje) a la reseña que intento redactar para vosotr@s sobre su último libro: “El muro fantasma”. Una estremecedora historia, en muchos momentos, y arrebatadora también, por la intensidad que va in crescendo, y que hace que se lea casi del tirón,…esperando cualquier tipo de desenlace conforme se suceden los hechos, que muchas veces (sobre todo en la primera mitad del libro) están salpicados de reflexiones y recuerdos, o pensamientos de la protagonista.

Pero… ¿quién es la narradora que nos va seduciendo conforme se expresa en primera persona y avanza la trama?, pues una joven, muy joven, que comienza siendo una adolescente y…

ah!, pero no voy a desvelar mucho del asunto, o los asuntos, en ese sentido, claro, porque es un libro no demasiado extenso en páginas, 138, y creo que es mejor dejar el suspense del que hace gala esta obra…en el aire…

Lo que puedo y debo deciros es que en él se nos muestran, de forma muy bien  novelada, diversos tipos de muros, no sólo físicos, sino sociales, como la lucha de clases, y otros varios tipos de muros en el sentido figurado, como los que también puede llegar a establecer la propia Historia, en mayúsculas.

Y principalmente (y como se puede leer en la sinopsis), de eso va este muro fantasma: de los antiguos habitantes de Britannia, de los romanos, del Muro de Adriano, de la época prehistórica, de arqueología y restos óseos, de utensilios de piedra caseros y de caza. Pero, …también va de excursionismo extremo entre páramos, de paseos entre arándanos u otros frutos y plantas ancestrales…O de los deseos de emancipación y de explorar la vida fuera del seno familiar…, etc., etc…

Eso sí, siempre avanza con un poso inquietante, apuntando casi al thriller psicológico, donde los personajes se perfilan poco a poco y  sutilmente.

También puedo contaros, que este muro o muros que planean sobre nosotros mientras leemos, te adentra en una atmósfera a veces opresiva, con descripciones y un vocabulario que apasionará tanto a antropólogos como a los amantes de la History, así como de las las stories (Story)…

Y, a riesgo de ser pedantísima, comentaré que ambos términos, en la nomenclatura anglosajona de la Historiografía o Ciencias Sociales (de la Historia), son más que adecuados aquí, al reconocer que en ingles está muy bien separada (siendo colindantes semánticamente) la History, referida a los acontecimientos oficiales de la llamada línea del Tiempo o Historia en castellano, y la Story, o la historia en minúsculas, los episodios personales que le pueden suceder a cualquier persona de a pié o de abolengo, pero en sentido individual.

Pues bien, en “El muro fantasma” hay pequeñas historias entrelazadas que están casi por encima en importancia para mí, de lo que es la trama general, que en realidad subyace bajo gran parte de los hechos narrados, aunque guíen la historia (al revés de lo que creo que suele pasar en otras novelas).

La joven (pero madura a su modo) Silvie pasará unas vacaciones de verano (imagino que principios de los 90) con sus padres (aficionado él a la Historia y sobre todo de la Antigua Britania) en un campamento experimental para universitarios y sus profesores de arqueología (resumiendo bastante, pero contextualizando la trama principal) y allí vivirá cambios iniciáticos en muchos sentidos, algo que se observa desde las primeras líneas, aunque el aire de suspense que Sarah Moss crea con las imágenes de los antiguos habitantes de las islas británicas, del Norte principalmente, es lo que impregna todo de un aroma a muros de piedra, fantasmas, sacrificios (en todos los sentidos de la Historia y las historias) y rituales ancestrales, al emplear un detallado vocabulario y explicaciones del pasado remoto, sus costumbres, reminiscencias o incluso creencias (no solo religiosas políticas o ideológicas), así como muestra debates o discursos sobre elucubraciones académicas unas veces y de “aficionados” otras, donde se mezcla realidad posible con suposiciones mal o bien intencionadas (algo de lo que la Historia se ha nutrido en el pasado, no alevosamente siempre, sino por las circunstancias de las investigaciones, sus investigadores, los conocimientos del momento y las hipótesis de moda, dicho sea de paso).

Sarah Moss nos sumerge aquí (como en la mayoría de sus libros al echar un vistazo a su bibliografía) en los hábitos, supersticiones y esas “formas de ser” que se dieron en el pasado y con las que se intenta explicar muchas veces (manipulando la Historia) lo que con el paso de los años se van convirtiendo en los tópicos manidos y de encasillamiento del: “nosotros somos así, y siempre hemos sido así”, frente a “los Otros”, sean quienes sean esos otros, incluso nuestros vecinos… Los Otros en el tiempo histórico, y Los Otros en lejanía o cercanía física o psicológica al Nosotros.

El hecho diferenciador, la xenofobia, el sexismo (en su peor forma de Machismo) o el clasismo,  está de muchas formas presentes en esta obra literaria, para verlos (y vernos) desde la ciencia o la aproximación arqueológica (excusa, diría yo).

El vocabulario empleado para describir desde un yacimiento y un poblado antiguo, hasta paisajes (orografía, temperatura, tierras de páramos o guijarros de  playa, plantas, semillas…) y sensaciones íntimas, la hábil descripción de los personajes, la atmósfera que crea en fin, y la tensión que hay casi de género negro (que no lo es) denotan que estamos antes una buena escritora que también es profesora de narrativa y está acostumbrada a explicar de forma clara y directa temas de interés candente tanto científicos como emocionales.

Las vivencias de esta protagonista prototipo de antihéroe no exenta de humor (humor negro e ironía muchas veces)…puede servir a cualquier lectora o lector para adentrarse en estas páginas cual bosque de helechos o líquenes por descubrir, y no necesariamente tendrá por qué ver en este libro nada de lo que yo acabo de comentar un poco más arriba (algo que puede ser una lectura muy personal, pero que yo sí he sentido y disfrutado, a rabiar, por cierto).

Este es un libro, pues, que os recomiendo, aunque es posible se le pueda hacer difícil a alguien al comienzo, por la forma de escribir de Sarah, “todo seguido”, sin poner guiones a diálogos para separarlos de la narración en presente o de pensamientos, etc., Pero se acostumbra una enseguida, y esto, inclusive, hace que la lectura sea más dinámica, progresiva o rápida si cabe.

Feliz verano Nobeleras y Nobeleros con B!!

Pd.: Un muro cayó también mientras leía esta apasionante historia porque ¿qué pueden tener que ver una española almeriense del 72, de cultura latina, y una británica (nacida en Glasgow  y criada en Manchester) del 75, de cultura anglo y judía?… Poco, siendo de la misma generación, o eso creía, porque, antes de comenzar a leer, nada apuntaba que su protagonista y yo tuviéramos, en la forma de pensar o en pensamientos  de adolescente en sí, nada en común…pero nada más lejos de la realidad… Hubo momentos en los que era como si abriera un diario y me viera a mí misma, o pudiera entrar en el libro y comentarle que podíamos ser amigas… Estamos más concectados de lo que creemos aunque haya muros de todo tipo por ahí campando…

Maribel Úbeda, Almería. Junio de 2020.

Publicada en Blog de librería Lanobel Almería, Agosto de 2020

Sobre Sarah Moss

Para leer el libro

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Pronto la tercera reseña…